Existen ciertos aspectos que enriquecen y dan mayor vida a un cuadro, aunque en algunos casos, estos no tengan que ver con una especial habilidad del artista. Cabe destacar en la obra del pintor al que tratamos algún recurso que se adecua a las pretensiones de acabado de la obra. Me refiero principalmente a la utilización de arena fina mezclada con la pintura al óleo, con la que se consiguen unas calidades diferentes y creo que acertadas en los primeros planos de algunas de las obras, sobre todo en aquellas que incluyen un camino o cualquier otro elemento terroso o arenoso que, por otra parte, suele disponerse diagonalmente en beneficio de conseguir una profundidad, una espacialidad que quiere ser real, y que consigue serlo en la medida de una buena utilización de los recursos como el que acabamos de describir.

Podemos mencionar también aquí, la aplicación de una fina mano de barniz, que otorga una mayor viveza a los colores, los resalta; confiere también una mayor luminosidad general al cuadro y a su atmósfera interior, avivando los reflejos y las espumas de las aguas, refrescando los verdes de los prados y posibilitando un mayor contraste respecto a estos, de los elementos pétreos de las típicas construcciones regionales que tanto abundan en la obra de Blanco.

Para finalizar, hay que contar con una buena presentación de la obra acabada, lo que se consigue habitualmente con la correcta elección de un marco. Una moldura exterior simple o compleja que contribuye a resaltar el cuadro dentro de su ubicación, y que suele elegirse muchas veces teniendo en cuenta el carácter tonal y lumínico de la obra y/o en contraste con este.