Muchas veces no es fácil explicar por qué el artista se decanta por unos u otros temas. En ocasiones esto tiene que ver con la impronta que deja el maestro en el aprendiz; o con un metodismo académico que, por creer ser perfecto, se vuelve aburrido y repetitivo aunque pase por diferentes manos; o simplemente, el tema surge cuando los elementos que lo configuran se cruzan en el camino de la sensibilidad del artista, un artista que está ansioso de recibir la inspiración, no de las musas, sino de todo aquello que día a día le rodea, le encanta, le hechiza, le ayuda a crear en su mente algo del arte que luego pasará al lienzo. No es difícil que esto ocurra cuando se está rodeado de una paleta de ocres otoñales, grises tormentosos o verdes en tan variada gama como los que ofrece el paisaje asturiano y sus pintorescos protagonistas.
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"Playa de Barayo" Las playas de la zona son un tema bastante recurrido por Blanco. En este caso, la playa de Barayo se intuye entre la mar y la vegetación del primer término, que se abre por un sendero, recurso apropiado para crear profundidad e invadir el espacio del espectador. |
"Rincón del Cabanín" Los conjuntos rústicos, propios de la más profunda Asturias rural, son uno de los motivos predilectos en la obra de Alberto. Lo viejo, lo aldeano, la plasticidad de sus mamposterías y lo misterioso de su abandono se muestran en su máximo esplendor. |
Blanco es pintor de la panera, del molino, de los gallos y las gallinas, del agua remansada de los jugosos ríos de Frejulfe, Navia, Porcía; o de las más agitadas aguas del río Barayo o las cascadas de Oneta; de las casas de mampostería vista de Pesoz, Tablizo o del Vidural; de la portalada desvencijada que encierra simbólicamente los entresijos de un caserío de labranza, o de las berzas y los helechos que, cual colina legendaria del paisaje asturiano, son tan propios del mismo como esta; y no nos olvidemos de los bodegones que reflejan fielmente los frutos de tan noble tierra.
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"Cabañas en los Picos de Europa" A veces, la pizarra se vuelve teja, sobre todo a medida que vamos dejando el Occidente asturiano y caminamos hacia el Este. Confiere esto un singular contrapunto de color a los cuadros. |
"Portón rústico" El burro, las gallinas, habituales personajes de la vida rural de la zona y siempre en convivencia con un carro del país, una piedra de molino o un portón desvencijado que por su pobreza se vuelve bello. |
Todo esto constituye una temática que, si bien encierra cierta variedad de elementos, se vuelve en ocasiones repetitiva, siendo esto uno de los mayores "peros" que encuentro en la producción de Blanco. Pero centrándonos en lo que a este estudio interesa, el pintor desarrolla estos temas por algo. Quizá sea una producción desfasada en el tiempo, desvinculada de los modos y las formas más actuales, demasiado arraigada en un estilo, una técnica y unos gustos más propios de una minuciosidad renacentista o como Fernando Landeira apunta "cuadros que a veces recuerdan la ingenuidad de un Rousseau". Pero es por su carácter autodidacta y su arraigo a los modos y costumbres rurales, por lo que Blanco se decanta por estas temáticas, y partiendo de la elemental idea de querer pintar lo que a él le gusta, utiliza los temas que se encuentra en el campo y la marina asturiana no sólo como fuente de inspiración, sino también como motivos predilectos de sus obras.
Cuando el pintor coge el coche un domingo por la tarde, parapetado tras una Nikon, un par de objetivos, el trípode… y emprende rumbo por cualquier carretera siguiendo la cuenca de algún río del occidente astur, está ansioso por fotografiar aquello que luego plasmará en el lienzo. Cualquier hórreo, cualquier gallinero, infinidad de rincones típicos, de huertas, de pantalanes, son susceptibles de configurar el motivo principal de un cuadro de Blanco. Es entonces cuando la mano del artista y el buen criterio estético que se le supone a un ser sensible, se encargan de seleccionar (por medio de la fotografía) aquellos elementos que inspiran, que evocan, que pasarán a ser arte en la paleta del pintor.
En la mente de Alberto Blanco no hay un afán por ajustarse a las tendencias de moda, por variar los temas o cambiar la técnica que de modo tan personal da vida a sus cuadros. Pero si existe una inquietud al analizar otros modos y maneras, así como la intención de un perfeccionamiento progresivo y de una reiteración temática siempre que siga encontrándose realizado con lo que consigue en sus obras que, por otro lado, gozan de muy buena aceptación entre el público que accede a ellas.
Llegados a este punto hay que decir que no toda la obra de Blanco se basa una copia más o menos mimética de la realidad. En ocasiones esa realidad, esos elementos tomados del natural se modifican, o son dispuestos de una determinada forma acorde con las exigencias del artista. Esto se consigue a veces a partir de la propia técnica fotográfica, que puede llegar a configurar ciertas ilusiones ópticas partiendo de algo que es real. También la eliminación o añadidos de ciertos elementos que no corresponden con la realidad primigenia de la que parte el tema del cuadro, en pos de lo que a juicio del pintor supone un mayor deleite estético. En este ámbito hay que hacer mención especial a los bodegones o naturalezas muertas. Por ejemplo, los elementos florales son escogidos y dispuestos a gusto del pintor en esta modalidad pictórica que permite al artista la manipulación de la naturaleza a su antojo, lo que también hace con un cesto repleto de frutas, una hogaza de pan o con cualquier otro exquisito manjar típico de la zona.
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"Dalias" Las flores son recogidas por el propio artista y dispuestas a su voluntad en virtud de lo que él considera una composición bella. La fotografía y el cuadro son los pasos siguientes. |
"Bodegón" Lo mismo sucede en los bodegones, en los que la naturaleza puede manipularse a su antojo y así, satisfacer plenamente sus ansias estéticas y su identificación con los elementos circundantes. |