Una vez que el pintor tiene una cierta claridad de lo que quiere plasmar en el lienzo y de cómo lo quiere plasmar, se pasa entonces a configurar materialmente la obra a través de un proceso que, en su evolución, no está libre de modificaciones, de supresiones de algún elemento que en principio pensaba incluirse, o de añadidos de algún elemento con el que antes no se contaba, pero siempre partiendo de una idea ya muy arraigada en la mente del artista.

Partiendo del tema que previamente se había "inmortalizado" en un fotografía, se va materializando la obra en tres fases principales: dibujado, manchado y acabado.

Dibujado

En esta primera fase el pintor comienza a dar forma a su obra, realizando un esbozo de los principales elementos que la configuran. La verdad es que el dibujado, en la obra de Blanco, tiene su mayor importancia en establecer la correspondencia y mantener la proporción adecuada entre los elementos, ya que las cualidades lumínicas y volumétricas son otorgadas a los elementos por medio del color. La linealidad en su obra tiene importancia en la medida en que surge del propio color. Incluso en los elementos en que se aprecia un mayor sentido dibujístico, sobre en todo aquellos de mayor dureza como puedan ser perfiles rocosos en los primeros términos, o los de una cierta delicadeza como las frutas de un bodegón, ese sentido dibujístico se consigue con el manejo de los colores, consiguiendo en muchos casos unos contornos nítidos, pero no establecidos por líneas delimitadoras.

Así, puede decirse que el dibujado establece el tamaño de las formas, pero no su volumen.

"Puente de la Jaya" (dibujado)

El artista establece aquí la proporción de los elementos y su disposición en el plano.

"Capricho" (dibujado)

En este caso vemos frente al árbol un vallado que el artista eliminaría posteriormente.

"Rincón en los Picos de Europa" (dibujado)

Mediante el dibujado se establece una relación de los elementos entre sí de forma muy simple y rápida. Recordemos que la linealidad no es un aspecto que predomine en la obra de Alberto Blanco.

Manchado

Es esta una fase muy importante en la obra de nuestro pintor. Es aquí donde el cuadro comienza a tener cierto sentido colorístico y el espectador puede llegar a intuir un posible acabado de la obra. Hay que decir que esta fase de manchado sirve como apunte de color a la posterior actuación del artista, un apunte de color que, dependiendo de los elementos en que se realice, puede llegar a tomar un carácter definitivo, es decir, en algunos casos los colores que se pueden ver en la fase de manchado perduran de forma idéntica en el acabado. Esto se aprecia sobre todo en las zonas de sombra de los interiores boscosos, en las que sobre el color del manchado, se ejecutan los elementos vegetales a los que la luz alcanza, configurándose el fondo de sombra con el color anteriormente aplicado. Este aspecto también se puede apreciar en ciertos elementos en los que la fase de manchado actúa como una base definitiva sobre la cual se ejecutan los detalles de dichos elementos. Esto nos puede dar una referencia de la importancia de esta segunda fase, que por otra parte también destaca por su carácter totalmente bidimensional, carente de cualquier profundidad, sólo con un sentido colorístico.

"Puente de la Jaya" (manchado)

Veremos en la imagen posterior del acabado como las zonas de sombras ya se están gestando en esta fase. Es también destacable su marcado carácter bidimensional.

"Rincón en los Picos de Europa" (manchado)

El manchado da la referencia colorística del posterior acabado y sirve como base formal para este último. La pincelada es despreocupada y los colores poco vivos.

Acabado

Fase en que se da la forma definitiva a la obra. Es ahora cuando los elementos adquieren un volumen, el cuadro adquiere una atmósfera interior, las zonas iluminadas se aparecen en el cuadro contraponiéndose a las sombras que, como hemos visto, en muchas ocasiones surgen de la fase anterior. Es en esta fase de acabado cuando el estilo de Alberto se muestra en todo su esplendor tanto en lo bueno como en lo malo, tanto en lo más personal como en lo más aprendido. Ahora se otorga a los elementos sus diferentes calidades matéricas, a los cielos su carácter habitualmente tormentoso, a las remansadas aguas de las pozas los reflejos de la vegetación circundante, y a las agitadas de los ríos y cascadas su espuma y frescor. Es durante el acabado cuando el arte deja de ser idea y pasa a ser obra, una obra que ya es susceptible de ser valorada con un juicio crítico objetivo o subjetivo, pero siempre enriquecedor, ya que a juicio de Blanco la crítica ayuda a mejorar, a evolucionar, a superarse, tanto si se comparte como si no.

"Puente de la Jaya" (obra terminada)

"Capricho" (obra terminada)

"Rincón en los Picos de Europa" (obra terminada)